Productividad: resolviendo el acertijo (II)

En la primera parte abordé el concepto de productividad y establecí al desarrollo como el parámetro fundamental para juzgar si una actividad era productiva o no. La productividad,a su vez, puede separarse en dos componentes: el decisional y el cuantitativo. El componente decisional de la productividad implica decidir de manera precisa qué se va a producir, mientras que el componente cuantitativo describe cuánto se va a producir. Para que la productividad a gran escala sea posible, ambos componentes deben ser abordados satisfactoriamente. De lo contrario, se podría tener una idea brillante y detallada sobre lo que se debe hacer, pero carecer de los medios para llevarlo a cabo -o, por el contrario, uno puede estar equipado con todas las habilidades y herramientas necesarias para desplegar una asombrosa productividad, pero carecer de la comprensión adecuada sobre los fines en los que dichos activos pueden ser aprovechados al máximo.

Componente decisional

Para decidir correctamente lo que debe producirse, la mejor guía de consulta es su propia facultad racional. No importa la cantidad de datos externos o consejos con los que uno pueda contar, son en última instancia la razón y el sentido común los que deben ayudarle a analizar esa información y llegar a una conclusión sobre el curso de acción más prudente a seguir. Quizás el principio más útil para abordar adecuadamente el componente decisional de la productividad es la simple pero profunda Ley de Identidad: A=A. Para entender con precisión lo que debe producirse y cómo puede hacerse, es necesario reconocer que cada cosa es lo que es, no necesariamente lo que uno quiera que sea, desee que haya sido, o espere que se convierta. Una gran cantidad de errores decisionales que van minando la productividad son el resultado de haber tratado de adaptar un objeto determinado a un papel para el cual no fue diseñado. Esto no significa que el objeto en sí sea deficiente; muy probablemente en alguna otra función, podría haber tenido un desempeño sobresaliente. Un claro ejemplo de tal violación a la Ley de Identidad es el apostador aficionado. El jugador novato ve la asistencia al casino como lo que no es: una estrategia sistemática para ganar dinero. Por otra parte, la casa reconoce la Ley de Identidad a la perfección y utiliza el casino con gran éxito como una estrategia sistemática para generar dinero.

decisional

El componente decisional requiere un reconocimiento de las limitaciones objetivas que enfrenta un individuo. Antes de embarcarse en cualquier emprendimiento, es necesario preguntarse: ¿Qué es lo mejor que puedo lograr de manera realista al hacer esto? De igual forma, ¿cuál es el peor de los escenarios? No se debe aferrar al escenario más optimista como una de sus expectativas. Desde una perspectiva más realista, el resultado será más bien un punto intermedio entre lo mejor y lo peor. Pero debido a que el peor de los casos siempre es posible, se debe establecer como un hecho factible y tomar las previsiones necesarias. Si ocurre algo mejor, uno estará invariablemente sorprendido y más que satisfecho por el resultado.

Componente cuantitativo

Con un análisis preciso y racional de la situación existente y las posibilidades que conlleva, junto al establecimiento de expectativas realistas y la voluntad de estar satisfechos con un resultado lo suficientemente bueno, el componente decisional ya habrá sido abordado exitosamente. El siguiente desafío consiste en lograr realmente lo que uno desea, en la cantidad que se desea.

La mente humana suele tener una limitación peculiar; está increíblemente adaptada para la observación y la interpretación precisa de estados absolutos, sin embargo es mucho menos hábil para juzgar adecuadamente cuestiones de grado. La presencia o ausencia de algo puede observarse fácilmente, pero su cantidad es un asunto mucho más difícil. La mente humana sólo puede enfocarse en un número extremadamente pequeño de piezas de información a la vez. Debido a esto, mientras que podríamos fácilmente distinguir entre tres cosas y cinco cosas, diferenciar entre 11.233 y 25.456 cosas con sólo un vistazo es mucho más difícil. Más bien, en este último caso, la mayoría de la gente sólo sería capaz de decir que ve un montón de cosas -muchas más de las que podrían contar sin un esfuerzo titánico. Pero mientras que el incremento del 3 al 5 se trata de un aumento del 66,67%, el del 11.233 al 25.456 es del 126,18%. Si bien este aumento podría pasarse por alto a simple vista, la existencia de las matemáticas como herramienta nos permite asimilar rápida y efectivamente estas diferencias relativas en magnitud.

cuantitativo

La mayoría de las actividades productivas humanas implican algún logro a una escala numérica mucho mayor que seis o siete unidades de producción -que es lo máximo que la mente humana puede analizar simultáneamente sin la ayuda de algún tipo de herramienta. Por lo tanto, la cuantificación de la productividad es absolutamente esencial –aun si los cuantificadores usados no son del todo fiables. La cuantificación permite a un individuo establecer objetivos de productividad para sí mismo y así evitar el bajo rendimiento por un lado y el perfeccionismo por el otro. El objetivo de productividad -establecido razonablemente- le permite llegar a la conclusión de cuánto trabajo por unidad de tiempo es suficiente. Además, le permite medir su mejora con relación al trabajo pasado. Los días en que el individuo se siente motivado para elevar su productividad, la cuantificación le da mucho más que una simple estimación subjetiva, guiándolo a elevar su producción. Mediante el uso de números, ratios, y porcentajes, un individuo puede fácilmente decir si ha superado sus niveles de producción previos y, de ser así, en qué medida. Por lo tanto, la cuantificación de la productividad sirve una multitud de funciones: facilita el mantenimiento de registros y fomenta la mejora sistemática, la responsabilidad y la motivación. Los números son guías mucho más confiables hacia la productividad sostenida que las impresiones subjetivas de cuánto se ha trabajado. Después de todo, la productividad objetiva no está necesariamente relacionada con la fatiga mental o física de un individuo. Un individuo podría haber quedado agotado y aun así su desempeño haber sido insuficiente, mientras que otro trabajador que todavía exhibe gran vitalidad, ya podría haber superado todas sus expectativas.

La cuantificación de la productividad en el mundo de los negocios por medio del dinero explica por qué la mayoría de las personas son mucho más exitosas  en sus carreras de lo que son en otros aspectos de sus vidas. El dinero funge como un excelente y versátil parámetro para medir cuánto trabajo uno ha realizado y el valor de dicho trabajo para las demás personas con las que negociamos. El dinero no es una medida perfecta de la productividad objetiva; es simplemente tan bueno como el juicio de quienes lo usan para premiar al que sea productivo, por lo tanto no podemos esperar que sea una medida perfecta –ya que la perfección es una ficción. El dinero es lo que es; no podemos forzarlo a cumplir un papel “ideal” para el que, por naturaleza, no es adecuado. Además, el dinero no es el único cuantificador disponible para medir la productividad. En la fabricación de bienes tangibles o incluso productos intelectuales, las unidades de producción pueden ser otra medida fiable. Una fábrica que fija objetivos de productividad en términos de unidades de producción, en conjunto, generará un mayor retorno monetario que una que no lo hace. Por otra parte, un escritor que establece metas diarias para un número de palabras o número de ensayos escritos logrará, a largo plazo, mucho más que una persona que simplemente escribe cuando le da la gana -o, como suele decirse, cuando “encuentra su musa.”

En la próxima parte, analizaré el papel que juega la formación de hábitos en la relación calidad vs cantidad. 

Hasta la próxima publicación.

Dennys Caldera Boka

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