Emprender o invertir, he ahí el dilema.

Si ha llegado a ese punto en su vida en el que ha tomado la decisión de asumir mayores riesgos, salir de su zona de confort, ser mucho más independiente y multiplicar sus ingresos, probablemente ya habrá pensado en emprender un proyecto de negocios o invertir en uno.

Aunque ambos caminos requieren altas dosis de motivación, una gran disciplina y ciertos conocimientos y habilidades particulares, de igual forma apuntan a rutas diferentes y se valen de distintas herramientas para llegar al mismo fin: conseguir la libertad financiera. Entender tales diferencias es primordial a la hora de tomar una decisión de semejante calibre.

El emprendedor concibe una idea con el propósito de satisfacer una necesidad en el mercado, y toma los pasos necesarios para materializarla en un proyecto de negocios a través de una planificación detallada con objetivos claros.

Un inversor es una persona que se educa en temas comerciales, legales, fiscales y financieros para utilizar su dinero de un modo inteligente. Crea riqueza a partir del capital y colabora en aportar energía y dinamismo al sector productivo.

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El emprendedor

Si bien cada emprendedor es único, en general todos tienen los siguientes puntos en común:

  • Los emprendedores buscan cambiar la forma en que se hacen habitualmente las cosas y usan ese deseo como motor para innovar.
  • Son propensos al riesgo; algunos más que otros, pero todo emprendedor (a su manera) está dispuesto a jugárselo todo por una idea.
  • Poseen una visión clara y la persiguen con convicción, realizando ajustes y adaptaciones según se van presentando oportunidades u obstáculos.
  • Son inconformistas: una vez que alcanzan una meta, se proponen una más alta.
  • Están permanentemente en búsqueda de oportunidades, capitalizando errores y fracasos como aprendizaje para enfrentar nuevos proyectos.

Investor

El inversor

Todos los inversores estratégicos comparten el mismo objetivo –aunque utilicen diferentes caminos, herramientas o tácticas para lograrlo:

“Desarrollar ingresos pasivos,  basados en inversiones sólidas y seguras,  que superen el nivel de gastos personales,  para llegar a la independencia financiera.”

Recuerde siempre que:

  • Un empresario gana el dinero con su TRABAJO.
  • Un inversor gana el dinero con su DINERO.

Las diferencias que marcan la diferencia

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Los riesgos

Por cada glamoroso emprendedor que ve a su alrededor otros nueve (9) que lo intentaron quedaron en el camino. Solemos percatarnos del exitoso y no atendemos a los otros nueve que fallaron. Las estadísticas indican que el 60% de los nuevos emprendimientos fracasan en el primer año, el 80% ya no existe más en el tercero y hacia el quinto año el 90% ha colgado los guantes en el armario.

Como inversor, el 1% de los que lo intenten será sumamente exitoso (los ‘tiburones’ del mercado), un grupo adicional muy pequeño será exitoso, otros tantos serán razonablemente exitosos, algunos serán ‘regulares’, unos  terminarán “empatados” (ni ganancias ni pérdidas) y el resto (quizás el 20% final) lo perderá todo.

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El empresario ‘entra’ – el inversor ‘entra y sale’

La mentalidad del empresario es similar a la del “capitán de un buque”. Una vez que ha dado forma a su idea y lanza su proyecto tiene que acompañarlo hasta el éxito o el fracaso final. Como el flamante capitán gozará de los aplausos al llegar al puerto o se hundirá con la nave en caso de que algo salga mal. Todas sus energías tienen que dirigirse al proyecto y al modo de potenciarlo.

Por el contrario, los inversores piensan en cómo salir antes de decidir entrar en un negocio.  Ciertos modelos de inversión se asemejarán a una actividad de autoempleo o empresaria pero el objetivo último de todo inversor que se respete es generar ingresos pasivos que superen sus gastos.

Utilidades

Maximización de las Utilidades

Los emprendedores que se convierten en empresarios consumados llegan a niveles inimaginables de ganancias (Richard Branson, Larry Page, Elon Musk o Jeff Bezos por nombrar algunos); son los game-changers, es decir, los que rompen paradigmas y cambian algún sector del mercado (o todo el mercado) para siempre. Otro pequeño número logra altos niveles de prosperidad en plazos razonables -los miles de empresarios exitosos que han logrado construir negocios sumamente rentables con permanencia generacional. Y finalmente, el resto de los valientes que ocupa toda una vida en cumplir sus objetivos. Esto se debe a que la actividad empresaria tiene ciclos y mesetas y el empresario -justamente comprometido con su negocio- tiene que vivir cada uno de ellos sin poder aprovechar sólo los buenos y rechazar los malos. Es un proceso natural en la vida de las compañías  y tiene que ver con los ciclos económicos generales y las etapas propias del crecimiento; una empresa debe estar abierta siempre, no puede cerrar los años malos.

Hay momentos en que una empresa crece y gana mucho dinero, pero su propio crecimiento la obliga a realizar inversiones importantes para seguir creciendo. En los años que siguen a las grandes inversiones –que deben ser amortizadas o devueltas- bajan las utilidades. Todo esto sin contar los momentos cruciales en que hay que cambiar la estructura, incorporar gerencia profesional y otra decena de “momentos de crisis” que le toca vivir a las empresas. Quien emprende un proyecto de negocios, además de estar comprometido física, económica y psicológicamente con dicho proyecto, le entrega a éste su activo más valioso: su tiempo.

El (buen) inversor crea condiciones óptimas para “maximizar” sus utilidades, entrando a los negocios en el momento de mayores ganancias y saliendo de ellos cuando la renta buscada ha sido lograda.  Los inversores acumulan capital antes que los empresarios. El inversor tiene que estar atento para cambiar de mercados, invertir en varias empresas de un mismo segmento, bajar o subir su nivel de inversiones, invertir en el extranjero cuando la situación nacional no sea favorable y, con el ‘factor tiempo’ a su favor, analizar a fondo los negocios en los que va a invertir.

Algunas veces el empresario decide convertirse simultáneamente en inversor, aprovechando su experiencia en algún mercado, una amplia red de contactos y suficiente dinero para invertir. Así mismo, hay inversores que deciden emprender un proyecto, usando para ello su magistral olfato para los negocios rentables, información privilegiada sobre un nicho específico y suficiente liquidez para afrontar cualquier gasto inicial.

Sea cual sea la decisión que tome, recuerde que el éxito o el fracaso seguirán dependiendo de usted. Deberá esforzarse en cualquiera de los caminos, superando cada caída y aprendiendo de cada error. Analice su personalidad detalladamente, establezca sus metas con claridad y evalúe de la manera más objetiva posible sus aptitudes.

Hasta la próxima publicación.

Dennys Caldera Boka

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