Apuntar al blanco indicado: el arte de escoger el negocio correcto.

“En cierto sentido, sólo hay un error garrafal que aniquila a la mayoría de las startups: no crear algo que los usuarios realmente quieran”

Paul Graham – Programador, inversor de riesgo y escritor británico.

Armarse de ímpetu y tomar la decisión de emprender un negocio propio es sin duda el primer paso (y ciertamente el más importante). Saltar al mundo del emprendimiento a pesar de nuestro condicionamiento no es tarea fácil, como lo comentaba en mi anterior publicación. Una vez que asumimos el riesgo de empezar, comienza la siguiente etapa: descubrir el tipo de negocio que vamos a establecer.

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Lo primero que viene a la mente es que, para abrir un negocio rentable, debemos encontrar esa grandiosa idea, que supuestamente nos llegará en un momento de sublime inspiración. Más allá de lo que nos quiera hacer creer Hollywood, así no es como funciona el proceso creativo de un emprendedor. Para tener éxito no importa tanto la idea de negocios que se tenga, sino más bien la capacidad para ejecutarla. En realidad, hay dos factores a tomar en cuenta que son mucho más importantes a la hora de emprender algún proyecto de negocios:

  1. Ser un cliente para nuestro producto o servicio
  2. Tener experiencia en la industria a la que se desea incursionar

De conjugarse ambos factores -o al menos teniendo uno de ellos- se estaría en una posición ventajosa al momento de empezar. De lo contrario, las probabilidades de triunfar juegan en contra.

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Ser nuestro propio cliente implica probar nuestra propia receta. Esto nos permite desarrollar empatía hacia nuestros usuarios para así poder entender sus gustos y necesidades de primera mano. Muchas startups fracasan por no conocer exactamente lo que sus potenciales clientes quieren o necesitan. La verdadera clave del éxito radica en agregar valor en el mercado y para eso se necesita entender al público al que va dirigido nuestro producto o servicio.  Si uno personalmente necesita la solución que pretende proveer a través del negocio, entonces se estará en una mejor posición para juzgar si realmente se está cumpliendo con la misión del mismo. Al usar nuestro propio producto o servicio, tenemos la oportunidad de aplicar correctivos y mejoras de manera constante apenas percibamos que sea necesario o al menos recomendable.

Es muy difícil ser de ayuda a nuestros clientes si realmente no entendemos sus circunstancias, así como las de los demás negocios que giran alrededor de ellos. La mejor fuente de conocimiento de una industria es precisamente haber trabajado en ella. Ese tipo de conocimiento empírico es simplemente invaluable, ya que nos permite tener una visión mucho más amplia del contexto para responder a las siguientes preguntas:

  • ¿Cómo fluye el dinero en dicha industria?
  • ¿Cuáles son las limitaciones dentro del rubro?
  • ¿Cuáles son las oportunidades y amenazas no tan obvias?
  • ¿Quiénes serían nuestros clientes ideales?
  • ¿Quiénes serían nuestros posibles distribuidores/afiliados?
  • ¿Con qué competidor podríamos hacer una alianza estratégica?

Además, nos permitiría afinar habilidades necesarias -o particularmente valiosas- para ofrecer soluciones óptimas a los problemas que deseamos resolver. Al no cumplir con alguno de estos dos requisitos, se corre el riesgo de “enamorarse” de una idea que bien puede ser muy ingeniosa, pero que no esté en sintonía con lo que nuestro público meta realmente valore.

Hasta la próxima publicación.

Dennys Caldera Boka

*Fuente: Becoming an entrepreneur – Jake Desyllas

 

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