Parálisis por análisis:el síndrome que todo emprendedor debe vencer.

El mundo sólo puede ser verdaderamente comprendido a través de la acción, no sólo mediante la contemplación.

Joseph Bronowski – Matemático, inventor, poeta y escritor británico

Es muy fácil sentirse seducido por la idea de convertirse en emprendedor; sin embargo, es mucho más difícil lanzarse a la electrizante caída libre que implica emprender un proyecto de negocios. Uno de los peores legados de nuestro condicionamiento es la inhabilidad para ver la oportunidad en el riesgo y lo imprevisible. Hemos sido efectivamente entrenados para buscar empleos que nos brinden “seguridad“.

Uno puede preparase y realizar cualquier cantidad de análisis antes de comenzar un negocio; la realidad, no obstante, es que todo será considerablemente diferente una vez que empecemos. Todo negocio nace de la incertidumbre. NUNCA sabremos con total certeza si nuestro emprendimiento funcionará o cuáles son las estrategias precisas para llevarlo al éxito. En pocas palabras, uno salta al vacío y construye las alas en el camino. En algún punto, debemos enfrentar la parálisis de la indecisión para crear algo en medio de la incertidumbre y así, correr el riesgo de fallar o lograr algo verdaderamente extraordinario. La mayoría de las veces no es la falta de preparación la que detiene a los emprendedores, sino más bien la falta de decisión.

La planificación es ciertamente una parte esencial en cualquier emprendimiento (sin importar la escala). Ahora bien, por mucho que se planifique, siempre habrá un margen de error, en cierta medida determinado por factores que son ajenos a nuestro control. Si uno no puede contemplar la mera posibilidad de fracasar, entonces jamás empezará. Muchas veces analizamos exhaustivamente con la esperanza de diseñar el plan de negocios perfecto pero lamentablemente tal cosa no existe. Siempre habrá algo susceptible a mejorar y sólo se sabrá una vez que hayamos comenzado a operar en el mercado. Es inútil -e ingenuo- pensar que podemos crear algo que sea tan bueno que nadie lo critique. A través de la “verguenza” de un comienzo imperfecto, podremos darnos cuenta de lo que necesitamos mejorar.  

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Para convertirse en emprendedor, hay que abandonar la idea de “probar las aguas” y ver cómo nos va primero. Esa estrategia está destinada al fracaso. Hemos sido condicionados a encajar en el molde, a querer pertenecer, a ser parte de la multitud; el éxito interfiere con dicho condicionamiento. Una vez que admitimos que realmente queremos tener éxito y nos comprometemos al proyecto con absoluta convicción, automáticamente rompemos ese condicionamiento.

Emprender un proyecto de negocios en sin duda la mejor educación empresarial que el dinero pueda comprar; enseña mucho más que cualquier curso o especialización, sin importar si el proyecto tiene éxito o no. Siempre y cuando aprendamos de la experiencia, un “fracaso” empresarial nos dejará mejor equipados para nuestro próximo emprendimiento. La intención sin acción es mera ilusión.

Hasta la próxima publicación.

Dennys Caldera Boka

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